El Retrato

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Un retrato es una imagen o representación de una persona, en el que principalmente encontramos el rostro, aunque en algunas ocasiones la cara no es la protagonista de la imagen retratada: hay obras en las que aún siendo retratos, se le da más importancia a otras partes del cuerpo del modelo en cuestión, como por ejemplo el torso o las manos. Hay diferentes formas de reproducir un retrato: mediante dibujo, pintura, fotografía, escultura…

El retrato como expresión artística tiene sus inicios en el siglo V antes de Cristo sobre las monedas de los reyes persas. Su uso se expandió desde la muerte de Alejandro Magno y alcanzó un desarrollo considerable durante la época romana.

Los primeros retratos de la historia fueron esculturas en cráneos humanos con rasgos en yeso, para reconstruir la persona del difunto y así guardar un recuerdo de ellos. En el Antiguo Egipto, aparecen las máscaras de yeso moldeadas con relieve con acentos de diferenciación fisonómica de las personas fallecidas. Ya en el Imperio Nuevo, se produjeron en Egipto auténticos retratos fisonómicos, con acentos sicológicos, como los numerosos retratos de Akenatón y Nefertiti.

La creación de un auténtico retrato fisonómico es obra de la civilización griega y se ubica a mediados del siglo IV a.C. Tiene como punto de partida el ámbito religioso y aquí, se logró pasar de usar el nombre de las personas de la escultura a los nombres de los escultores.

 El punto significativo en la evolución del arte del retrato fue en el Renacimiento, por el renovado interés hacia el hombre, lo natural y la expresión clásica del arte romano. Es así como el retrato adquirió una función social, tanto en esculturas (bustos o cabezas), como pintado.

Como vimos, en el transcurso de la historia del arte, desde los egipcios hasta nuestros días, se han utilizado muchas técnicas y materiales que le han permitido a los artistas marcar tendencias y evolucionar en el tiempo.

Más allá de la fisonomía el retrato capta lo sensible.

Un retrato no puede ser una máscara de la cara, al contrario, debe mostrar sus rasgos, pero sobre todo su expresión, la personalidad e incluso el estado de ánimo de la persona. Esto permite destacar la individualización del personaje, esto es, de la imitación de sus rasgos individuales, al estilo de un retrato “fisonómico”, pero también, con la representación de sus rasgos somáticos y psicológicos.

Esta sensibilidad que requiere el artista para poder lograr una intimidad con el personaje es, lo que le permite escoger una actitud particular para fijar, un gesto, una expresión. De esto se compone un auténtico retrato. Y es que plasmar el rostro de una persona no solo en sus rasgos físicos, sino en su emocionalidad, es una tarea inspiradora en la que el artista tiene que entrar en el sentir del personaje y plasmarlo de una forma tan especial que pueda transmitir todo ese mundo interior, y pueda tener un resultado impecable. Realmente, en esto consiste este bello e inspirador arte.

Algunos ejemplos de retratos famosos son el Autorretrato de Daguerre (1844) el Autorretrato de Nadar sobre globo aerostático (1858), la Negra y blanca, de Man Ray (1926) y Marilyn Monroe, retrato de Richard Avedon (1957), entre otros

También, encontramos diferentes tipos de retratos como los elaborados a lápiz, con pintura, digitales, escultóricos, fotográficos y escritos. Para elaborarlos, se requieren de muchas técnicas y métodos para realizar un buen retrato. Entre las técnicas usadas frecuentemente por los artistas están:  el dibujo a lápiz, con carboncillo, con piedra negra, con sanguina, con pluma y tinta, con grafito, con lápices de color, con bolígrafo, las cuales estaremos desarrollando en futuras publicaciones

Por ejemplo, para realizar un retrato a lápiz se deben emplear trazos firmes y continuos evitando los rasgos temblorosos o la apariencia de líneas entrecortadas que le quitan carácter al dibujo. Cuando se usa el carboncillo los trazos tienden a ser más gruesos e imprecisos. Uno de los efectos más apreciados en el retrato a lápiz, es la posibilidad que dan los diferentes tonos y la finura del lápiz. Es así como, los diferentes grados de dureza del lápiz permiten representar muchas tonalidades.  El negro se logra con lápices B suaves ejerciendo una leve presión, mientras que el color blanco se crea dejando libre el fondo del papel blanco. Así, la impresión del dibujo es comparable con la fotografía a blanco y negro tan valorada por su naturalidad.


Como podemos apreciar realizar un retrato de cualquier tipo depende de muchos factores. Pareciera una tarea sencilla, pero como toda disciplina artística requiere una técnica y un método.  Esperamos que la informacion suministrada aqui haya sido de utilidad para aumentar nuestro conocimiento sobre este arte tan especial  de  los retratos. En futuras publicaciones ampliaremos la informacion sobre  las diferentes técnicas y metodos que se emplean a la hora de hacer un retrato.